¿Por qué importa la votación de 1956 sobre el clero femenino?


Puntos Clave:

  • Hace setenta años la Iglesia Metodista respaldó la plena membresía en la conferencia para las mujeres del clero.
  • Esta decisión tendría un impacto rotundo cuando se constituyó La Iglesia Metodista Unida en 1968, así como en otros acontecimientos que ampliaron el reconocimiento del clero.
  • Los contratiempos surgidos en el camino hacia la plena obtención de los derechos clericales ofrecen lecciones en un momento en que el liderazgo femenino y los derechos al voto enfrentan hoy en día una creciente oposición pública.

Tras un debate que se extendió durante parte de la mañana y toda la tarde del primer viernes de la Conferencia General, el Rev. Zach T. Johnson dio un paso al frente para proponer una legislación sustitutiva con la que esperaba romper el estancamiento, y propueso que el órgano legislativo añadiera una frase al Libro de Disciplina de la denominación, la cual haría a las mujeres elegibles para el “ministerio itinerante” metodista bajo las mismas normas eclesiásticas que regían para los hombres.

“Este es un enfoque positivo, que simplemente establece que estamos dispuestos/as a admitir a cualquier mujer que cumpla las mismas condiciones que actualmente cumplen los hombres para ingresar en cualquier conferencia. Y deja en manos de la conferencia la decisión sobre... los requisitos específicos de admisión” afirmó Johnson, delegado de Wilmore, Kentucky y presidente del Asbury College, al referirse a su propuesta.

Seguidamente, los/as delegados/as respaldaron la propuesta sustitutoria de Johnson por una votación de 389 a 297, lo que representó una mayoría del 56,7%. A continuación, mediante una abrumadora votación a mano alzada, los/as delegados/as dieron su aprobación definitiva al cambio antes de levantar la sesión a las 5:10 p. m. para tomar un descanso que se había retrasado para la cena.

The Rev. Emily Nelms Chastain, Ph.D., a Christian history professor at Southern Methodist University’s Perkins School of Theology in Dallas. Photo by Paula Milena Photography, courtesy of Chastain.  
A Reverenda Emily Nelms Chastain, Ph.D., professora de história cristã na Escola de Teologia Perkins da Universidade Metodista do Sul, em Dallas. Foto de Paula Milena Photography, cortesia de Chastain. 

De esta forma, la Conferencia General de La Iglesia Metodista, reunida en Minneapolis, otorgó plenos derechos ministeriales a las mujeres hace 70 años, el 4 de mayo de 1956. Esa decisión repercutiría en acontecimientos futuros: desde la disolución de la segregada Jurisdicción Central en 1968 como parte de la formación de La Iglesia Metodista Unida, hasta la eliminación, en 2024 de las prohibiciones a nivel denominacional sobre el clero gay.

La Obispa Tracy S. Malone, quien la semana pasada concluyó su mandato como la primera mujer negra en presidir el Concilio de Obispos/as y dirige la Conferencia Anual de Indiana se encuentra entre quienes celebran este 70º aniversario: “Siento una profunda gratitud hacia las muchas mujeres del clero que allanaron el camino: aquellas que perseveraron cuando se les cerraban las puertas, predicaron cuando se cuestionaba su voz y confiaron en el llamado de Dios incluso cuando la Iglesia no reconocía plenamente su liderazgo. Este hito invita a una reflexión honesta, pues si bien celebramos un progreso significativo, el camino hacia la plena equidad aún no ha concluido”.

No obstante, la votación de la Conferencia General de 1956 marcó un cambio significativo que tuvo un peso mayor que la mera ordenación. De hecho, según el New York Times, la Iglesia Metodista ya contaba con cerca de 50 mujeres predicadoras ordenadas cuando tuvo lugar dicha votación.

Sin embargo, la ordenación local a la que tenían acceso las mujeres metodistas antes de ese año difería estructuralmente de la plena membresía en la conferencia, de un modo que afectaba cada dimensión del ministerio de la mujer, señaló la Revda. Emily Nelms Chastain, Ph.D.

Historiadora de la ordenación de las mujeres, Nelms Chastain es diácona ordenada de La Iglesia Metodista Unida (IMU) y profesora adjunta de Historia Cristiana y Estudios Metodistas en la Escuela de Teología Perkins de la Universidad Metodista del Sur, en Dallas, Tejas.

“Sin la membresía en la conferencia, una mujer solo podía aspirar a ser asignada a cualquier cargo que quedara disponible una vez que el obispo hubiera colocado a todos los miembros de la conferencia. Como clériga ordenada localmente, no tenía asignación garantizada, ni pensión, ni voto en su conferencia anual, ni estatus formal como predicadora itinerante... La membresía plena en la conferencia, obtenida en 1956, cambió todo eso de manera simultánea” afirmó Nelms Chastain.

 

Recursos

Las agencias generales de La Iglesia Metodista Unida han recopilado múltiples recursos para que las congregaciones y sus miembros de forma individual conmemoren el 70º aniversario de la obtención de plenos derechos ministeriales por parte de las mujeres.

Ahora, las mujeres pastoras podrían ser nombradas en las mismas condiciones que los hombres: con derecho a pensión, a voto y al reconocimiento formal de su vocación por parte de la iglesia. Nelms Chastain subrayó que esta decisión era algo más que un mero asunto administrative: “Fue una afirmación teológica que los metodistas reconocieron: los dones del Espíritu no tienen género, y el llamado de Dios no se hace realidad únicamente cuando los hombres lo certifican”.

Hoy en día las mujeres del clero y otras mujeres líderes de La IMU ofrecen un contrapunto fundamentado en el Evangelio, a la creciente hostilidad que enfrentan las mujeres en la vida pública. En marzo de este año, las Naciones Unidas publicaron un informe en el que advierten que los derechos de las mujeres están sufriendo un retroceso a nivel mundial. Incluso en los Estados Unidos, las mujeres, especialmente las mujeres de color, se enfrentan tanto a una mayor oposición pública como a posibles obstáculos para ejercer su derecho al voto, que fue establecido en la Constitución de los Estados Unidos apenas 36 años antes de que se tomara la decisión sobre el clero metodista.

“Creo que este es un momento en el que nuestros Principios Sociales y nuestro Libro de Disciplina pueden constituir un inmenso regalo para nosotros/as, siempre y cuando enseñemos lo que en ellos se estipula y vivamos conforme a sus preceptos” afirmó la Revda. Stephanie York Arnold, directora ejecutiva de la Comisión Metodista Unida sobre el Estado y el Rol de la Mujer, organismo que trabaja en pro de la igualdad de las mujeres en la vida eclesial.

“Los/as metodistas unidos/as deberían oponer resistencia y liderar mediante un ejemplo más amoroso, liberador y valiente; deberíamos enaltecer con orgullo el liderazgo de las mujeres y deberíamos proclamar que en La IMU, las mujeres lideran, predican y enseñan... ¡y hacen todo aquello a lo que Dios las llama!” afirmó York.

Avances y retrocesos

Podría decirse que la tradición de las mujeres predicadoras en el movimiento metodista se remonta hasta Susanna Wesley, madre de los fundadores del movimiento John y Charles Wesley.

Cuando el trabajo de su esposo Samuel en la Iglesia de Inglaterra lo alejaba de su parroquia, el tiempo de devoción familiar de los domingos por la tarde de Susanna Wesley con sus diez hijos terminó atrayendo a una multitud de personas deseosas de escuchar su instrucción espiritual.

Su hijo John, el principal organizador del metodismo, terminó a su vez autorizando a las mujeres predicadoras laicas, aunque con cierta reticencia inicial.

Sin embargo, el reconocimiento de las mujeres predicadoras no perduró. Jarena Lee, quien predicó en los primeros tiempos de la Iglesia Metodista Episcopal Africana (AME por sus siglas en inglés), vivió lo suficiente como para ver a su denominación negar reiteradamente a las mujeres la licencia para predicar. La Iglesia AME comenzó a ordenar a mujeres para el ministerio itinerante en 1960.

Dentro del movimiento metodista más amplio del siglo XIX, las mujeres laicas entre quienes eataban la abolicionista Sojourner Truth y la fundadora del Movimiento de Santidad, Phoebe Palmer, continuaron dando testimonio y asumiendo roles de liderazgo. Sin embargo, el largo camino hacia la plena equiparación de derechos ministeriales para las mujeres estuvo marcado por luchas, contratiempos y sacrificios.

La Revda. Antoinette Brown Blackwell, la primera mujer ordenada ministra en los Estados Unidos, era congregacionalista  y formaba parte de lo que hoy es la Iglesia Unida de Cristo. No obstante, fue ordenada en 1853 por un metodista: el abolicionista Luther Lee.

En 1866, la Revda. Helenor M. Davisson fue ordenada diácona en la Iglesia Metodista Protestante, convirtiéndose así en la primera mujer ordenada dentro de la tradición metodista. La Revda. Anna Howard Shaw después de que la Iglesia Metodista Episcopal se negara a ordenarla en 1880, se unió a la Iglesia Metodista Protestante y fue ordenada ese mismo año. Y en 1889, la Iglesia de los Hermanos Unidos otorgó plenos derechos ministeriales a la Revda. Ella Niswonger.

Sin embargo, las fusiones denominacionales pusieron fin al menos temporalmente, a la ordenación de las mujeres. Para hacer posible la reunificación de tres denominaciones metodistas en 1939, las mujeres del clero de la Iglesia Metodista Protestante tuvieron que renunciar a sus derechos clericales. Aún más notorio resulta el hecho de que dicha fusión de 1939 supuso también el establecimiento de la segregada Jurisdicción Central.

Del mismo modo, la fusión entre los Hermanos Unidos y la Iglesia Evangélica, que dio origen a la Iglesia de los Hermanos Unidos Evangélicos en 1946, exigió la suspensión de la ordenación de las mujeres. Si bien nunca constituyó una prohibición oficial, el ritmo de las ordenaciones femeninas se desaceleró drásticamente en el seno de la unión resultante.

La Obispa Tracy S. Malone de la Conferencia Anual de Indiana y presidente saliente del Concilio de Obispos/as, predicó durante el culto matutino en la Conferencia General Metodista Unida de 2024, celebrada en Charlotte, Carolina del Norte. Malone, la primera mujer negra en presidir el Concilio de Obispos/as, figura entre los/as líderes eclesiásticos/as que conmemoran el 70º aniversario del respaldo de la Conferencia General a los plenos derechos ministeriales de las mujeres. Foto de archivo de Mike DuBose, Noticias MU.

¿Qué estaba sucediendo en 1956?

Para la década de 1950, las perspectivas sobre el liderazgo femenino habían vuelto a cambiar gracias tanto a la evolución de los roles de las mujeres durante la Segunda Guerra Mundial como a décadas de labor organizativa por parte de mujeres laicas metodistas, especialmente aquellas involucradas en las precursoras de la actual organización Mujeres Unidas en la Fe.

“Este movimiento tomó muchos años, como suele ocurrir con los movimientos, pero me enorgullece que esto forme parte de nuestro legado de atender el llamado de Dios a ser agentes de cambio en medio de la Resistencia” afirmó Sally Vonner, la directora ejecutiva de la organización.

Sung-Ok Lee, oficial de enlace de Mujeres Unidas en la Fe afirmó que las mujeres laicas, a través de las sociedades misioneras y más tarde, de la Sociedad de Mujeres para el Servicio Cristiano, recaudaron fondos, gestionaron escuelas y hospitales, y definieron las prioridades misioneras en todo el mundo. También comisionaron a diáconas: mujeres laicas formadas y consagradas al servicio de la iglesia. “Al hacerlo demostraron algo poderoso: que las mujeres ya lideraban la iglesia en todos los aspectos, salvo de manera official” señaló Lee, quien es diácona ella misma.

En 1952 la Sociedad de Mujeres para el Servicio Cristiano encuestó a 577 superintendentes de Distrito, y la inmensa mayoría de los encuestados afirmó que las mujeres predicadoras suplentes eran superiores o iguales a los hombres, tanto en educación como en eficacia ministerial.

Y en 1954 la Conferencia Anual Noruega celebró un servicio de ordenación para la Revda. Agnes Nilsen Howard durante su viaje de regreso tras haber servido como misionera en la India. El clero de la conferencia había votado previamente a favor de ordenarla en 1932, inmediatamente antes de que fuera enviada a su servicio misionero.

“Agnes fue misionera en la India durante toda su vida adulta, y fue la mayor parte del tiempo capellana hospitalaria; pero, por lo que parece, ella dirigía todo el funcionamiento. Incluso ejerció como superintendente de distrito en la India, asesorando al obispo en los nombramientos pastorales” afirmó la Revda. Hilde Marie Øgreid, quien se encuentra trabajando en un libro sobre las mujeres en el clero en Noruega. Øgreid es teóloga y rectora del Seminario Metodista Unido en Oslo, Noruega.

Lee afirmó que para cuando se reunió la Conferencia General en 1956, la cuestión ya no era si las mujeres eran capaces de ejercer el ministerio. “Eso ya se había respondido; y el tema era si la Iglesia reconocería formalmente lo que ya se llevaba a la práctica”.

Nelms Chastain, la historiadora, señaló que la Conferencia General de 1956 recibió más de 2.000 memoriales, el equivalente a las peticiones en la década de 1950, tan solo sobre la cuestión de la plena membresía de las mujeres en la conferencia. Esa cifra superaba el número total de memoriales presentados en todas las Conferencias Generales anteriores. Pongamos esa cantidad en perspectiva: la Conferencia General más reciente, celebrada en 2024, recibió un total de unas 1.200 peticiones.

La Asociación de Mujeres Predicadoras fundada por la predicadora metodista M. Madeline Southard en 1919, ofreció modelos de redacción para las peticiones, proporcionó material de estudio y dio seguimiento a los avances denominacionales en todo el mundo. Nelms Chastain afirmó que Southard y la asociación que ella dirigía contribuyeron a hacer posibles esos 2.000 memoriales. Southard tenía casi ochenta años de edad cuando tuvo lugar la votación.

The Rev. Maud Keister Jensen, the first Methodist woman pastor to gain full clergy rights. Photo courtesy of Archives and History. 

La Revda. Maud Keister Jensen fue la primera mujer pastora metodista en obtener plenos derechos clericales. Foto cortesía de Archivos e Historia.

Lo más llamativo durante el prolongado debate del 4 de mayo de 1956 fue que no hubo discusión alguna sobre si la Biblia permitía a las mujeres predicar o ejercer el liderazgo. De hecho, el principal punto de fricción radicaba en cómo proceder con las mujeres del clero cuando las congregaciones se negaban a aceptar su nombramiento como pastoras. Los/as delegados/as de 1956 rechazaron una propuesta que habría permitido ejercer como clero de pleno derecho únicamente a las mujeres solteras y a las viudas.

Dos semanas después de que la Conferencia General aprobara los plenos derechos clericales, la Conferencia Anual de Pensilvania Central admitió “a prueba” a la Revda. Maud Keister Jensen, misionera de larga trayectoria en Corea, poniéndola así en el camino hacia la plena membresía en la conferencia. En 1956 la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos de América también ordenó a su primera mujer como ministra de la Palabra y del Sacramento.

Jensen y otras mujeres del clero vieron preservados sus derechos cuando, doce años más tarde, los/as metodistas y los Hermanos Unidos Evangélicos formaron La Iglesia Metodista Unida.

¿A dónde nos dirigimos ahora?

Aun así, la cuestión de los nombramientos resultó ser un problema real para las mujeres del clero mucho después de 1956. “Los estudios realizados en las décadas posteriores a 1956 mostraron de manera sistemática que las mujeres recibían congregaciones más pequeñas, asignaciones más rurales y en declive, y tenían menos acceso a los grandes nombramientos de prestigio asociados a las iglesias emblemáticas que generaban visibilidad institucional y abrían vías de desarrollo professional” afirmó Nelms Chastain.

“La brecha entre lo que estipulaba la Disciplina y lo que generaba el sistema de nombramientos es precisamente aquello que organizaciones de rendición de cuentas,  como la Comisión General sobre el Estado y el Rol de la Mujer, fueron creadas para manejarlas”.

Si bien los/as metodistas unidos/as han elegido a mujeres como obispos/as en los cuatro continentes donde la denominación tiene presencia, York Arnold de la Comisión sobre el Estado y el Rol de la Mujer, señaló que las mujeres aún enfrentan dificultades para obtener nombramientos en iglesias de gran envergadura y que, a menudo, su remuneración sigue siendo inferior a la de sus colegas varones.

“En ocasiones, los/as feligreses/as afirman estar de acuerdo en que las mujeres son iguales, pero sostienen que su iglesia simplemente ‘aún no está lista’ para tener una pastora. Sin embargo, al mismo tiempo a esas iglesias se les ha permitido a lo largo de los años, no realizar ningún avance deliberado para aumentar su conciencia y su integración del clero femenino” señaló York Arnold.

Incluso la aceptación de las mujeres laicas ha sido, durante mucho tiempo, una cuestión abierta, y fue apenas el año pasado tras múltiples intentos, cuando la denominación ratificó una enmienda constitucional que añade el “género” y la “capacidad” a la lista de cualidades que no constituyen un impedimento para ser miembro de la iglesia.

York Arnold afirmó que sueña con una Iglesia Metodista Unida en la que ninguna congregación haga declaraciones en el sentido de no aceptar como pastor a una mujer, a una persona de color o a una persona LGBTQ: “Anhelo el día en que nuestros/as superintendentes de distrito y obispos/as simplemente no toleren esas conversaciones, sino que reafirmen que como metodistas unidos/as, TODAS las personas tienen cabida, y que asignemos a las congregaciones el/la pastor/a que posea los dones necesarios para servir bien a esa iglesia... y punto”.

York Arnold reconoce que algunos/as feligreses/as se marcharán si la iglesia adopta una postura firme, más sin embargo, cree que serán más quienes terminen uniéndose.

“Vivir nuestros valores de manera explícita y sin disculpas es el antídoto que nuestro mundo necesita en este momento contra la misoginia, el racismo, la homofobia y la intolerancia que están desatados. La Iglesia debe liderar de esta manera” afirmó.

* Hahn es asistente al editor de noticias para Noticias MU. La puede llamar al (615) 742-5470 o escribirle a [email protected].

** Leonor Yanez es traductora independiente. Puede escribirle a IMU Hispana-Latina @umcom.org

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