Educada en escuelas metodistas Jovita Idár promovió los derechos de las mujeres y los/as mexico-americanos/as

Como maestra, escritora, editora y activista, Idár preservó la cultura mexicana en el sur de Tejas y alentó a las mujeres a seguir una educación y promover la igualdad de derechos.

Este artículo es parte de Overlooked, una serie de obituarios sobre personas notables cuyas muertes, a partir de 1851, no se informaron en The Times. Esta última entrega es una de las muchas formas en que The New York Times examina el centenario de la 19ª Enmienda.

Cuando los Texas Rangers se presentaron frente a la oficina del periódico El Progreso en 1914 con la intención de cerrarlo, Jovita Idár, escritora y editora, estaba esperando en la puerta principal para impedirles la entrada y no estaba dispuesta a retroceder.

Los oficiales quienes en ese entonces se habían ganado una reputación por su violencia contra los/as mexicanos/as, estaban furiosos por un editorial que criticaba la orden del presidente Woodrow Wilson de enviar tropas militares a la frontera entre Texas y México en medio de la Revolución Mexicana. Idár argumentó que silenciar al periódico violaría su derecho constitucional a la libertad de prensa bajo la Primera Enmienda.

Los Rangers finalmente se fueron, pero al día siguiente cuando Idár se fue, regresaron a saquear la oficina, destrozando y destruyendo las imprentas.

Sus acciones no evitarían que Idár escribiera sobre su visión de la justicia, la misma que tenía desde la infancia. Jovita Idár nació el 7 de septiembre de 1885 en Laredo, Texas, una ciudad en la frontera con México. Fue la segunda de ocho hijos/as de Jovita y Nicasio Idár. Su padre fue un activista que trabajaba como redactor y editor de un periódico local en español llamado La Crónica.

Las leyes de la época de Jim Crow imponían la segregación racial y también limitaban los derechos de los/as mexicanos/as-estadounidenses en el sur de Texas; los/as académicos/as hoy en día se refieren a ellas como las leyes de “Juan Crow”.

Era común encontrar en restaurantes y tiendas letreros que decían “No se permiten negros/as, mexicanos/as o perros”, y los agentes del orden con frecuencia intimidaban o maltrataban a los/as residentes mexicanos/as-estadounidenses, y los/as enviaban a escuelas que no contaban con los fondos suficientes y a menudo eran inadecuadas. Se aconsejaba no hablar español en público.  

Jovita Idár disfruto del relativo privilegio de tener acceso al tipo de educación que soñaba para los/as demás. Fue educada en escuelas metodistas y recibió un certificado de maestra del Seminario de Laredo, con el cual pasó a enseñar a niños/as pequeños/as en Los Ojuelos, una ciudad al sureste de Texas. Allí se horrorizó por las condiciones de la escuela: sus edificios en ruinas y la escasez de libros.

Entonces decidió que podría tener mas impacto si se centraba en el activismo y la escritura, y por ello se unió a su padre y hermanos en La Crónica; y cuando se enteró de los linchamientos de hombres mexicano-estadounidenses, su compromiso con la lucha por los derechos civiles se profundizó. Ella creía que la educación y el empoderamiento podrían elevar a los/as pobres que vivían en ambos lados de la frontera.

“Se adelantó a su tiempo, luchando contra lo borrado de su historia y “celebrando que nadie debía sentirse amenazado/a por el poder de las mujeres” nos dijo en una entrevista telefónica Gabriela González, profesora asociada de historia en la Universidad de Texas, en San Antonio, quien está trabajando en una biografía de Idár.

Jovita Idár en 1914 junto a colegas en la imprenta del periódico El Progreso en Laredo, Texas. Ella siguió los pasos de su padre como periodista y activista. Foto de colecciones especiales de bibliotecas de la Universidad de Tejas en San Antonio.

Jovita Idár en 1914 junto a colegas en la imprenta del periódico El Progreso en Laredo, Texas. Ella siguió los pasos de su padre como periodista y activista. Foto de colecciones especiales de bibliotecas de la Universidad de Tejas en San Antonio.

Con un enfoque transnacional, La Crónica informó extensamente sobre las zonas fronterizas y sobre la Revolución Mexicana, con un enfoque particular en los/as mexicano/a-estadounidenses, conocidos/as como tejanos/as, que habían estado viviendo en Texas antes de que se estableciera la frontera moderna con los Estados Unidos en 1820.

“A través de su periódico, la familia Idár alzó su voz contra las viviendas y escuelas separatistas e inferiores, las pésimas condiciones que enfrentaban los/as trabajadores/as tejanos/as que fueron el rostro de la servidumbre como condena, y las graves violaciones a sus derechos civiles” escribió el historiador Zaragosa Vargas en su libro “Crisol de Dificultades: Una historia de los/as mexicanoamericanos/as desde la época colonial hasta la época actual” (2011).

Adoptando con frecuencia seudónimos, entre ellos Astraea, nombre de la diosa griega de la justicia, y Ave Negra, Idár también escribió sobre la igualdad de derechos para las mujeres a educarse y buscar la independencia de los hombres. Definió a la mujer moderna como alguien con “amplios horizontes” y argumentó que educarlas mejoraría la sociedad en su conjunto: “Eduquen a una mujer y estarán educando a una familia” exhortaba a menudo.

De acuerdo con “Mujeres de Texas: Sus historias, sus vidas” (2015) Idár escribió: “La ciencia, la industria, el taller y hasta el hogar exigen sus mejores aptitudes, su perseverancia y consistencia en el trabajo; su influencia y asistencia para todo lo que es progreso y avance para la humanidad”.

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En 1911 se unió al Primer Congreso Mexicano en Laredo, para organizar activistas mexicoamericanos/as. Luego comenzó la Liga Femenil Mexicanista o la Liga de Mujeres Mexicanas, y en ese mismo año, California otorgó a las mujeres el derecho al voto, e Idár instó a las mujeres en Texas a “levantar la barbilla con orgullo y enfrentar la pelea”.

“Se ha dicho y escrito mucho en contra del movimiento feminista, pero a pesar de la oposición, las mujeres en California pueden votar en un jurado, y ocupar cargos públicos” escribió en La Crónica.

Además de convertirse en la primera presidenta de la Liga, reforzó su esfuerzo por identificar y educar a los/as niños/as pobres, instando a las escuelas a enseñar tanto en español como en inglés. El idioma es “cada vez más olvidado y cada día sufre adulteraciones y cambios que lastiman materialmente el oído de cualquier/a mexicano/a por poco conocedor/a que sea del idioma de Cervantes” escribió.

También denunció la ignorancia de los héroes nacionales de México y la historia mexicano-estadounidense en su conjunto. Si nuestros/as niños/as asisten a la escuela estadounidense, les enseñan la biografía de Washington y no la de Hidalgo; y si en lugar de las gloriosas gestas de Juárez se refieren a las hazañas de Lincoln, ambos nobles y justos, ese/a niño/a no conocerá las glorias de su nación, no la amará y hasta podría ver con indiferencia a los/as compatriotas de sus padres” escribió.

Jovita Idár a la derecha, alrededor de 1914, atendiendo a un herido en batalla durante la Revolución Mexicana. La acompañaba la activista Leonor Villegas de Magnon. Idár trabajó durante un tiempo con La Cruz Blanca, un grupo de ayuda médica. Foto de Colección de fotografías generales/Colecciones especiales de bibliotecas de la Universidad de Texas en San Antonio.

Para 1913, durante la batalla de Nuevo Laredo en la Revolución Mexicana, Idár había dejado Laredo para cruzar la frontera. Trabajó con La Cruz Blanca, un grupo de ayuda médica similar a la Cruz Roja, como enfermera del ejército; luego regresó a Laredo y comenzó a trabajar para El Progreso.

Después de casarse Bartolo Juárez en 1917, se mudó a San Antonio donde establecieron el Club Demócrata local y ella trabajó como jueza de distrito para el partido. Nunca tuvo hijos propios, pero ayudó a criar a los/as hijos/as de su hermana Elvira, quien murió al dar a luz.

Estableció un jardín de infancia gratuito, trabajó en un hospital como intérprete para pacientes de habla hispana, e impartió cursos de cuidado infantil para mujeres, todo mientras editaba El Heraldo Cristiano, un periódico de la Iglesia Metodista.

Idár murió el 15 de junio de 1946, a causa de una hemorragia pulmonar y tuberculosis avanzada. Tenía 60 años.

  

* Jennifer Medina es reportera de política nacional que cubre la campaña presidencial de 2020. Originaria del sur de California, anteriormente pasó varios años informando sobre la región para la oficina Nacional.

** Leonor Yanez es traductora independiente. Puede escribirle a [email protected]. Para leer más noticias metodistas unidas, ideas e inspiración para el ministerio suscríbase gratis al UMCOMtigo.

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