Puntos Clave:
- Los obispos Stefan Zürcher, Werner Philipp y Knut Refsdal viajaron al oeste de Ucrania para visitar congregaciones metodistas unidas y reunirse con personas que han vivido en medio de la guerra durante años.
- Si bien las iglesias metodistas unidas de toda Europa han apoyado a Ucrania desde el comienzo de la guerra en 2022 a través de ayuda humanitaria, oración y el acogimiento de refugiados/as, este viaje tuvo como propósito fundamental estar presentes en la zona.
- Viajando junto al superintendente del Distrito de Ucrania y Moldavia, el Rev. Oleg Starodubets y su esposa, la Revda. Yulia Starodubets, los obispos visitaron diversos ministerios en Úzhgorod y Leópolis.
Las sirenas antiaéreas irrumpen entre los sonidos cotidianos de la vida; una aplicación de alerta se ilumina en los teléfonos móviles, instando a la gente a buscar refugio. Para los/as ucranianos/as esto se ha convertido en parte de su rutina diaria. Para tres obispos metodistas unidos europeos que visitaban el oeste de Ucrania a finales de marzo, fue un crudo recordatorio de que la guerra no es un titular abstracto, sino una realidad vivida.
Los obispos Stefan Zürcher (Europa Central y del Sur), Werner Philipp (Alemania) y Knut Refsdal (Europa del Norte, Estados Bálticos y Ucrania) viajaron del 26 al 30 de marzo a Transcarpatia y a la ciudad de Leópolis. Su propósito era solidarizarse con las congregaciones metodistas unidas, con los/as desplazados/as por la invasión rusa de Ucrania y transmitir un mensaje inequívocamente claro: no están solos/as, no han sido olvidados/as.
La visita en sí misma fue un gesto deliberado de solidaridad pues si bien las iglesias metodistas unidas de toda Europa han apoyado a Ucrania desde el comienzo de la guerra en 2022 a través de ayuda humanitaria, oración y el acogimiento de refugiados, este viaje tuvo como propósito fundamental la presencia.
Durante una reunión celebrada en el otoño de 2025, Refsdal compartió con los demás sus planes de realizar una visita, y entonces comprendieron la solidaridad que podrían manifestar si acudían todos juntos.
“Desde el inicio de la guerra, el pueblo metodista unido en estos países ha acompañado a los/as refugiados/as y han respaldado la labor en Ucrania mediante el envío de ayuda humanitaria” afirmó Zürcher, cuya área episcopal abarca la Iglesia Metodista Unida en Polonia, la República Checa, Hungría y Rumanía.

El cementerio militar de Leópolis, Ucrania se encuentra entre los lugares visitados por tres obispos metodistas unidos europeos durante su viaje en marzo. El Obispo Werner Philipp afirmó que fue un momento en el que la brutalidad de la guerra pudo sentirse verdaderamente. Foto cortesía de EmK-Öffentlichkeitsarbeit Germany, Noticias MU.
Viajando junto al superintendente del distrito de Ucrania y Moldavia, el Rev. Oleg Starodubets y su esposa, la Revda. Yulia Starodubets, los obispos visitaron diversos ministerios en Úzhgorod y Leópolis. Sus paradas incluyeron centros juveniles, albergues para refugiados/as, servicios de culto, celebraciones y conversaciones con refugiados/as. “Existe una diferencia entre leer las noticias todos los días y estar realmente aquí” comentó Philipp.
Refsdal afirmó que siempre es grato estar en Ucrania y conocer a “toda la gente maravillosa” de este país y agregó: “Pero cuanto más tiempo paso allí, más trágico se vuelve el pensamiento de esta guerra terrible y sin sentido que destruye la vida y el futuro de tantas personas”.
Las ciudades visitadas por los obispos han crecido masivamente debido a la afluencia de desplazadosó internosó procedentes de las regiones del este y del sur del país. Alrededor de un millón de personas residen ahora en Leópolis, casi un tercio más que en 2022. En Úzhgorod, el número de habitantes casi se ha triplicado, pasando de 120.000 a 350.000. Este crecimiento no solo ha puesto a prueba los recursos, sino que también ha revelado diferencias culturales entre el oeste y el este de Ucrania.
En Leópolis, los obispos se encontraron con una congregación joven y vibrante. Un viernes por la tarde, acudieron allí para asistir a unas reuniones y a un sencillo servicio de culto. Zürcher comentó que había entre 25 y 30 jóvenes presentes. Algunos/as de ellos/as habían crecido en Leópolis y sus alrededores mientras que otros/as habían huido del este de Ucrania hacia la relativa seguridad del oeste. A primera vista, la vida en Leópolis parece casi normal. No obstante, las huellas de la guerra son omnipresentes: casas destruidas, cementerios militares, placas conmemorativas.
“Los cafés están llenos, las calles están animadas. Sin embargo, vimos una casa que había sido alcanzada por un dron apenas unos días antes y los ventanales de la iglesia vecina estaban rotos. Pero ya lo habían limpiado todo” dijo Zürcher.
Para Refsdal, visitar el cementerio militar fue profundamente conmovedor: “Fue sobrecogedor ver las tumbas de tantos hombres y mujeres, y saber que estos son solo quienes han caído procedentes de esta región”.
Para Philipp, este fue también un momento en el que la brutalidad de la guerra pudo sentirse de verdad: “Cuando ya no se trata solo de números, sino de nombres y rostros, la guerra se vuelve tangible; aquí la guerra se vuelve personal. No son estadísticas. Son personas cuyas familias están de pie justo ahí”.

En esta foto de archivo de 2022, la Revda. Yulia Starodubets a la derecha consuela a Oksana, quien huyó de su hogar en Járkov, Ucrania, después de que el ejército ruso destruyera su edificio de apartamentos. En ese momento, ella se encontraba entre las 40 personas desplazadas por la guerra que se alojaban en una antigua imprenta soviética convertida en refugio en Úzhgorod, Ucrania. Starodubets y su esposo el Rev. Oleg Starodubets, superintendente del Distrito de Ucrania y Moldavia viajaron junto con los tres obispos europeos para visitar los ministerios metodistas unidos en Úzhgorod y Leópolis. Foto de archivo de Mike DuBose, Noticias MU.
En Úzhgorod, una ciudad de Transcarpatia situada cerca de la frontera con la Unión Europea y a unos 270 kilómetros al suroeste de Leópolis, los efectos de la guerra son visibles por doquier. Sin embargo, ante el aumento de la población, han surgido nuevas formas de comunidad.
Uno de esos lugares es el centro juvenil gestionado por La Iglesia Metodista Unida, conocido como “Lighthouse”, donde se reúnen jóvenes procedentes de toda Ucrania; muchos/as de ellos/as cargan con traumas e incertidumbre, pero también con resiliencia. Los obispos constataron lo vital que resultan estos espacios: lugares donde puede crecer la confianza, donde los/as jóvenes pueden conversar, reír y redescubrir una sensación de normalidad.
Úzhgorod y sus alrededores, la Iglesia gestiona dos refugios para personas desplazadas internamente. Al reunirse con los/as residentes, los obispos percibieron la tensión, sobre todo en las conversaciones pues muchos/as de los/as refugiados/as provienen de zonas críticas como Bajmut, Mariúpol o Járkov.
“Yulia Starodubets nos contó que no preguntaba a las mujeres sobre sus historias. Eso podría retraumatizarlas. Cuando las escuchas, te das cuenta de que tienen historias muy difíciles” dijo Zürcher.
Muy pocos de los/as refugiados/as habían tenido contacto previo con una iglesia, ciertamente no con La Iglesia Metodista Unida, pero Zürcher comentó que uno de los residentes le dijo que sienten que los/as metodistas unidos caminan a su lado.
“Una mujer dijo: ‘El hecho de que los/as metodistas estén aquí y nos brinden esta oportunidad de quedarnos es, para mí, prueba de que Dios existe’" añadió Zürcher.
Una y otra vez, tanto los/as miembros de la iglesia como los/as refugiados/as enfatizaron cuánto significó para ellos/as la visita; no porque los obispos trajeran soluciones para la guerra, sino porque acudieron para escuchar. La visita no disipó el miedo ni el sufrimiento porque las sirenas seguían sonando y la guerra no hizo una pausa. Sin embargo, algo más se hizo tangible: la profunda conexión de una iglesia global y la fortaleza que surge cuando las personas permanecen unidas.
Lo que perdura con mayor nitidez de aquel viaje no son las grandes ceremonias, sino los pequeños momentos: una oración compartida, una sonrisa intercambiada en un centro juvenil, una mesa en la que los/as refugiados/as relatan con cuidado sus historias. Estos gestos, coincidieron los obispos, poseen un poder perdurable ya que demostraron que la solidaridad cristiana no se detiene en las fronteras y que la ayuda no siempre tiene que ser ruidosa para tener un impacto.
Al regresar a casa, los obispos llevaban consigo una responsabilidad renovada: seguir contando estas historias, continuar brindando apoyo y recordar a la iglesia en general en Europa que las comunidades metodistas de Ucrania siguen allí fieles, heridas y llenas de esperanza.
“La visita nos mostró lo importante que es la presencia física: La gente de allí lo sintió: no hemos sido olvidados/as. El hecho de que acudiéramos en calidad de obispos fue, para ellos/as un signo de solidaridad” concluyó Zürcher.
* Löffler es director teológico de la oficina de la iglesia en la Conferencia Regional de Alemania y asistente del obispo. Friedrich es responsable de comunicaciones de la Iglesia Metodista Unida en Suiza. Contacto con los medios de comunicación: Julie Dwyer editora de noticias. Puede escribirle a [email protected] o llamarla al 615-742-5469.
** Leonor Yanez es traductora independiente. Puede escribirle a IMU Hispana-Latina @umcom.org.