Huellas de la mujer latina en el metodismo unido: Cindy Andrade Johnson (1)

Este es el primero de una serie de artículos, que buscan difundir el extraordinario testimonio de fe, trabajo y lucha que vienen dejando mujeres de cultura y corazón latinos, en los ministerios de La Iglesia Metodista Unida.


Cindy Andrade Jhonson nació en la ciudad fronteriza de Brownsville estado de Tejas, en 1962; año en que comenzaba el boicot de la comunidad afroamericana del sur contra el sistema de transporte público, la iglesia católico-romana excomulgaba a Fidel Castro, los Estados Unidos iniciaba bombardeos químicos en Vietnam con el terrible agente naranja y se abría la primera tienda Walmart en Arkansas.

Cindy es tercera generación de descendientes de inmigrantes mexicanos, pero también es tercera generación de metodistas en su familia. Fotos cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson. Fotocomposición Rev. Gustavo Vasquez, Noticias MU.

Cindy es tercera generación de descendientes de inmigrantes mexicanos, pero también es tercera generación de metodistas en su familia. Fotos cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson. Fotocomposición Rev. Gustavo Vasquez, Noticias MU.

 

Cindy es nieta de inmigrantes mexicanos, quienes vinieron bajo el conocido “Programa Bracero” que fue un acuerdo binacional para proveer de mano de obra mexicana de bajo costo, a la industria agrícola del sur de los EE.UU. : “mis abuelos/as eran de la época de Pancho Villa y migraron desde México bajo el programa de braceros. Para entrar en EEUU en ese tiempo solo le pidieron firmar un documento”.

Hoy Cindy recuerda con incredulidad que su familia pudo venir, a mediados del siglo pasado, solo firmando un documento de entrada, en contraste con todas los complejos trámites que interpone el sistema de inmigración actual, para permitir el ingreso de personas a los EE.UU.; situación con la que ella tiene que lidiar día a día en su ministerio de apoyo a las familias inmigrantes.

La Diaconsa Cindy Andrade Johnson nació en Brownsville y ha vivido toda su vida en la zona fronteriza con México. Así como lo hicieron sus abuelos hace tres generaciones, ahora Cindy cruza la frontera casi a diario pero para atender ministerialmente a las familias inmigrantes. Foto Mike DuBose, Noticias MU.

La Diaconsa Cindy Andrade Johnson nació en Brownsville y ha vivido toda su vida en la zona fronteriza con México. Así como lo hicieron sus abuelos hace tres generaciones, ahora Cindy cruza la frontera casi a diario pero para atender ministerialmente a las familias inmigrantes. Foto Mike DuBose, Noticias MU. 

 

“Parece increíble que en ese tiempo mi familia entró legalmente, solo firmando un papel. Uno de mis tíos no pudo hacerlo, porque tenía conjuntivitis y no le permitieron entrar. Entonces tuvo cruzar el río fronterizo y por eso fue el único que quedó sin documentos”, recuerda.

Nacida y criada en Tejas, al igual que su papá y su mamá, ha pasado toda su vida en la frontera, con el único paréntesis de cuando se mudó a San Marcos, una pequeña ciudad ubicada a una trescientas millas al norte de Brownsville, cerca de San Antonio. Allí estudió educación: “ Después de graduarme, en San Marcos, comencé profesionalmente como maestra de primaria y llegue a ser administradora de escuela. Luego regresé a Brownsville a hacer mi maestría”.

Cindy ha tenido la oportunidad de realizar estudios a nivel de postgrado universitario, pero recuerda que sus padres/madres fueron los primeros en la familia en poder ir a la escuela, porque nacieron en Tejas: “recuerdo siempre una anécdota que mi mama me contaba cuando ella comenzó a ir al colegio. Ella no sabía nada del colegio y el dinero que había ganado trabajando lo gastó y no sabía que tenía que comprar libros. Entonces la iglesia metodista a la que asistían,  le prestó US$20 para que pudiera comprar sus libros y poder estudiar. Ella pagó ese préstamo y siempre me recordaba esa historia”.

Cindy Andrade Johnson y el Obispo Joel Martínez, primer obispo hispano-latino de La Iglesia Metodista Unida, con quien le une una hermosa y larga amistad. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson.

Cindy Andrade Johnson y el Obispo Joel Martínez, primer obispo hispano-latino de La Iglesia Metodista Unida, con quien le une una hermosa y larga amistad. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson.

Nacer y crecer en la iglesia

Cindy es tercera generación de descendientes de inmigrantes mexicanos, pero también es tercera generación de metodistas en su familia: “Mis abuelos/abuelas ya eran metodistas cuando llegaron. Mi mamá y mi papá me enseñaron mucho acerca de Juan Wesley. De allí me viene el deseos por ayudar a los/as demás. Mi abuelita era parte de la organización de las mujeres metodistas y fue siempre muy organizada, porque así le enseñaban en la iglesia”.

Las actividades y la convivencia en la iglesia siempre fue una buena oportunidad para que ella pudiera conectar su cultura, su contexto y su fe. Su iglesia fue parte de lo que se conoció como la Conferencia Anual de Río Bravo (actual Conferencia Anual Río-Tejas): “Me gustaba mucho la convivencia con la comunidad latina, nuestras costumbres y cultura. En la iglesia junto con la Obispa Carcaño, como consejera en los campamentos, el Obispo Martínez y mucha otra gente, manteníamos una muy bonita amistad. Sin embargo, a estas alturas siento que no había abierto los ojos a las duras realidades de nuestra comunidad, más allá de las personas que nos rodeaban. Creo que mi familia siempre buscó protegernos de las dificultades que mucha de nuestra gente tiene que enfrentar y ahora me ha tocado conocerlas de manera cruda y profunda”.

El trabajo ministerial y el testimonio de vida de Cindy es una referencia para muchas personas en la comunidad hispano-Latina de La IMU. En imagen comparte con el joven Andrés Dearco y la Revda. Dorlimar Lebrón, líderes de la juventud de MARCHA en 2018. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson.

El trabajo ministerial y el testimonio de vida de Cindy es una referencia para muchas personas en la comunidad hispano-Latina de La IMU. En imagen comparte con el joven Andrés Dearco y la Revda. Dorlimar Lebrón, líderes de la juventud de MARCHA en 2018. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson. 

Como muchas personas descendientes, por segunda o tercera generación, de inmigrantes hispano-latinos de tradición protestante, siente que hay unos baches en la comprensión y valoración de la cultura: "siento que perdí parte de mi cultura latina, porque la mayoría en esta área eran de tradición católica y nosotros/as, al ser metodistas no compartimos muchas de las tradiciones y la forma de ver las cosas. Ahora ya grande, he aprendido mucho en el ministerio al servicio de los/as inmigrantes, y me doy cuenta de esa conexión que tenemos con las tradiciones católicas de nuestra cultura latina”.

El llamado a servir

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A pesar de haber nacido en una familia de tradición metodista, Cindy siempre tuvo inquietudes y preguntas que no veía cómo la iglesia podía responderlas. Muchos de sus cuestionamientos y posiciones frente a las injusticias sociales, no encajaban totalmente con su idea de lo que la iglesia hacía y predicaba: “Mi papá siempre tenía muchas preguntas sobre la Biblia y la fe, y yo aprendí eso. Le preguntaba frecuentemente 'papá, cómo es esto que dice la Biblia, cómo es que dice eso' y así era todo el tiempo. Por eso me ha gustado siempre estar el grupos que buscan aprender más”.

“Mi hermana menor es pastora de La IMU y una vez me dijo, porque no te preparas para el diaconado. Yo le dije que no estaba muy segura, porque a mi me gusta hablar, cuestionar y denunciar las injusticia y en eso la iglesia no es como yo. 'Mejor quédate tú en la iglesia y yo entre quienes luchan por la justicia social', le dije y ella me respondió, 'nomás revisa bien lo que es el diaconado, lo que significa y lo que hace para atender a las personas marginadas”.

En el servicio diaconal Cindy ha encontrado la forma de encauzar su pasión por la justicia social y el servicio a los/las más necesitados/as. No importa el dia, la hora o el clima, la solidaridad de Cindy con la comunidad inmigrante es permanente. En las fotos se muestra participando en una vigilia frente al edificio de la Corte Federal de Brownsville. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson.

En el servicio diaconal Cindy ha encontrado la forma de encauzar su pasión por la justicia social y el servicio a los/las más necesitados/as. No importa el dia, la hora o el clima, la solidaridad de Cindy con la comunidad inmigrante es permanente. En las fotos se muestra participando en una vigilia frente al edificio de la Corte Federal de Brownsville. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson.

 

Como mucha gente, Cindy pensaba que el diaconado de la iglesia no tenía nada en común con su inquietudes e intereses por la justicia social. Sin embargo, aceptó la invitación de su hermana y comenzó a descubrir el llamado al servicio que Dios le había hecho a través de ella: “ me encontré en medio de unas clases de formación donde podía hacer todas mis preguntas. Era un espacio perfecto para plantear, incluso, la necesidad que tenemos de transformar los sistemas generadores de injusticia. Siempre he pensado que si no puedo cambiar los sistemas, igual dedicaré mi vida a intentarlo. Eso es lo que yo veo que hizo Jesus para cambiar las cosas”.

Cindy terminó su proceso de formación y fue ordenada como diaconisa en 2009: “Muchos maestros/as y compañeros/as nos hicimos amigos/as después de compartir todo el tiempo formándonos juntos/as. Lo que podemos aprender en estas clases es solo un poquito. Cuando vas y lo pones en práctica en las calles, aprendes muchos mas. Siempre estamos aprendiendo”.

Mucha de la gente con la que trabaja en las distintas comunidades que atienden inmigrantes le llaman “la señora de la iglesia”, ya que la identifican con la iglesia y eso le resulta muy provechoso, porque considera que todos/as tenemos la necesidad de conectarnos con Dios “y no lo estamos haciendo bien”, refiriéndose a la separación que existe en la idea de muchas personas de que servir a la gente y en medio de sus realidades sociales no es necesariamente servirles espiritualmente. Cindy demuestra con su actitud y su testimonio que el ministerio de la iglesia debe atender integralmente a las personas y no solo una parte de sus necesidades.

Sus estudios de educación sirvieron para abrir sus ojos a las realidades sociales y a tomar posición ante ellas. La marginación de niños/as por su condición socioeconómica o por su raza, dentro del sistema de educación fueron situaciones que la llevaron a tomar conciencia de las injusticias que se mantienen en la sociedad estadounidense. Foto cortesía de la Diaconisa Cindy Andrade Johnson.

Sus estudios de educación sirvieron para abrir sus ojos a las realidades sociales y a tomar posición ante ellas. La marginación de niños/as por su condición socioeconómica o por su raza, dentro del sistema de educación fueron situaciones que la llevaron a tomar conciencia de las injusticias que se mantienen en la sociedad estadounidense. Foto Mike DuBose, Noticias MU.

Abrir los ojos a la realidad

La educación es una de las principales herramientas de formación de conciencia y fortalecimiento de los valores humanos mas sublimes. De hecho, la iglesia cristiana en general y las protestantes en específico, han atenido a la educación como una prioridad en su misión y ministerio: “Esa conciencia la fui adquiriendo en la universidad y después al graduarme de maestra y ejercer en las aulas, me fui dando cuenta de que no estaban tratando a todos los/as niños/as como iguales. Había preferencia por algunos/as (los que tenían mejor estatus económico y mejor formación) y a otros/as más humildes no les tomaban en cuenta para programas de desarrollo y otros beneficios. Eso me chocó mucho porque yo crecí con mis padres bajo la conciencia de que todos/as somos iguales; a todos/as los/as trataban por igual y estaban siempre al servicio de todos/as. Pero, fuera de mi ámbito familiar y de iglesia, comencé a ver una realidad diferente y comencé a alzar mi voz y expresar mi inconformidad”.

“Cuando miro atrás, siento que fui aceptada en ciertos círculos de la universidad y de  nuestra sociedad, porque mis padres tenían un status socioeconómico estable. Pero, nunca me sentí realmente integrada. A veces no era bien vista en algunos espacios, por causa de mi origen étnico, y eso todavía pasa. No me daba mucha cuenta antes, pero ahora estoy muy enfocada en eso y agudizar mi percepción en torno al racismo” (este artículo continúa en una próxima entrega.../...)

 

* El Rev. Gustavo Vasquez es el Director de Noticias Metodistas Unidas para la audiencia hispano-latina. Puede contactarle al (615)742-5155 o por el correo: [email protected]. Para leer más noticias metodistas unidas, ideas e inspiración para el ministerio suscríbase gratis a UMCOMtigo

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