Algo que se olvida en el debate sobre Boy Scouts

Larry Hollon*

7 de febrero, 2013 | Comentario


El Rdo. Larry Hollon, director de Comunicaciones Metodistas Unidas, acepta el premio de comunicador del año 2011 de la Asociación de Comunicadores Metodistas Unidos. Foto UMNS por Mike DuBose.

Se debate si se debería o no permitir niños y líderes gay en los Boy Scouts. Pero el debate no toma en cuenta un punto crítico. Ocurre que en algunas tropas, más de la mitad de los exploradores o scouts vienen de familias con un solo padre de familia que, en su mayoría, son madres. Además, estos niños vienen de barrios donde hay iglesias locales. A menudo, es en una iglesia donde se reúnen los exploradores.

Gil Hanke, director de Hombres Metodistas Unidos, que es el vínculo de la Iglesia Metodista Unida con los Boy Scouts, me informa que "en un programa típico de exploradores, el 25% viene de una iglesia auspiciadora, 25% de otras iglesias y el 50% de familias sin iglesia".

Los Boy Scouts ofrecen a los niños varones la interacción con un varón, les provee de oportunidades para aprender cosas y desarrollar habilidades que no tendrían de otra forma. La participación en los exploradores tiene que ver con los valores de la educación, el desarrollo de la responsabilidad personal y el servicio a los demás. Además, trae gente a la iglesia en forma regular.

Como niño, mi experiencia como explorador fue que las actividades, contactos y valores que recibí era precisamente lo que necesitaba al crecer en una familia que, en el mejor de los casos, era disfuncional. Al mudarnos en busca de torres de perforación de petróleo en Oklahoma, Texas, Nuevo México y Wyoming, uno de los constantes de mi vida fue ser explorador. Era un grupo que siempre estaba localizado en una iglesia metodista en pequeñas y polvorientas ciudades donde nos quedábamos por algún tiempo.

Cada seis meses nos mudábamos, hasta que llegué a los 13 años y decidí irme en otra dirección. Esta vida nómada era la forma de vida de los trabajadores de las torres petroleras y sus familias. Para mí, los Boy Scouts eran el pegamento que sostenía esta vida en movimiento.

También era una ventana hacia un mundo, a través del cual podía ver un campo de oportunidades más amplio y un futuro más allá de duro trabajo en las torres petroleras. Fui a campamentos, fui en bote por los ríos, trabajé para obtener medallas de honor, e incluso pude ir al capitolio estatal y conocer al gobernador. Estas actividades expandieron mi vida en forma muy significativa.

Sin los exploradores, habría sido una vida mucho más difícil, mucho más dura. Interactúe con adultos en una forma diferente que mi experiencia en mi hogar, que no era del todo positiva y, ciertamente, no constructiva.

Un refugio donde llegar
Me deja perplejo escuchar a líderes y pastores de algunas iglesias locales decir que van a abandonar a los Boy Scouts, si se aprueba un cambio modesto que permitiría a hombres y niños gay participar, a discreción de la congregación.

La iglesia debería ser un refugio para niños que luchan con su identidad. Deben tener la oportunidad de saber que son amados por Dios y otros. Se les debe proveer del apoyo necesario para ver nuevos horizontes, tener experiencias significativas y ver un nuevo y más brillante futuro. Los exploradores me proveyeron este apoyo.

Además, el hecho de que las Iglesias históricas están declinando, es irónico que algunas congregaciones quieran alejarse de un programa que sirve a las necesidades de familias que viven tan cerca; familias que sufren privaciones; familias con jóvenes que necesitan una interacción positiva con adultos.

Los Boy Scouts no son una herramienta de evangelización, sino que promueven en los niños valores cívicos y un sentido de responsabilidad complementarios a lo que enseña la iglesia, e invita a los jóvenes al edificio de la iglesia. Cuando uno analiza la información provista por Hanke, uno se pregunta: ¿Qué iglesia no querría auspiciar una reunión semanal en la que la mitad de los que asisten no van a la iglesia?

Mientras que la atención se centra en las congregaciones que dicen que abandonarán a los Boy Scouts, si se decide eliminar la prohibición de la participación de gente gay, también es posible hablar de las iglesias que no auspician a los exploradores porque la organización no es inclusiva.

Un cambio modesto
Siempre hay formas de supervisar las interacciones con adultos, ser diligentes al seleccionar líderes adultos y proteger a los niños. Este es el deber de todas las congregaciones, no importa el sexo o la orientación sexual de los líderes adultos. Esto es pertinente también con la Escuela Dominical, grupo de jóvenes, coro y otras actividades en las que participan niños y jóvenes.

De modo que, es difícil entender por qué una congregación consideraría eliminar el programa de exploradores de la iglesia, cuando la misión de la iglesia es alcanzarlos, especialmente cuando Jesús dijo tan explícitamente que trajeran los niños a él.

La decisión que los líderes de los Boy Scouts consideran no es tan radical. Es un modesto paso hacia la inclusión. Pero es uno que debería ser apoyado y afirmado, por el bien de los niños y jóvenes para quienes los exploradores es una guía útil para llegar a ser mejores adultos.

*Hollon es Secretario General de Comunicaciones Metodistas Unidas, con base en Nashville, Tenn.

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