¡Yo también soy América!

Revda. Dra. Lydia Muñoz.

Revda. Lydia Muñoz. Foto cortesía de la Iglesia Metodista Unida Swarthmore.

Artículos de Opinión

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El pasado domingo8 de febrero, “el nene” de Bayamón, Puerto Rico —Benito Antonio Martínez Ocasio— llevó el 60mo Gran Tazón (Super Bowl) a otro nivel con una presentación que logró sanar y afirmar a toda una comunidad, mientras le recordaba a una nación entera la belleza de su identidad y su lugar dentro de una historia mucho más grande que ella misma. No fue simplemente un espectáculo de medio tiempo. Fue una reivindicación; un testimonio; un espejo levantado frente a un país que con demasiada frecuencia olvida cuán amplio, cuán multilingüe y cuán complejo es en realidad el alma que habita en su interior.

No sé cuántas veces he tenido que escuchar a personas referirse a los Estados Unidos como “América”, como si Estados Unidos fuera el único lugar donde América existe. “Estás en América, ¡habla americano!”; “Bienvenido a América”; o escuchar a alguien cantar God Bless America y preguntarme si debería decirles —como escribió Langston Hughes—: “Yo también soy América”. La presentación de Bad Bunny se negó a aceptar ese borrón histórico. Insistió, sin pedir disculpas, en que América también es morena y negra, colonizada, resiliente, y que aún canta y baila.

Fueron muchos los temas entretejidos en esos trece minutos de puesta en escena, casi al estilo Broadway, pero algunos hablaron directamente a conversaciones que con frecuencia se ignoran, se minimizan o se descartan por completo —especialmente en la sociedad y, quizá de manera más dolorosa, en la Iglesia.

El espectáculo comienza sumergiéndonos en un cañaveral, con jíbaros trabajando la tierra como lo hicieron hace cientos de años. Para quienes conocen esta historia, los campos de caña no son símbolos románticos de un pasado idílico. Son escenarios de explotación, trabajo forzado, extracción colonial y supervivencia. Representan la riqueza de imperios construidos sobre las espaldas quebrantadas y esclavizadas de cuerpos negros y morenos. Al comenzar allí, Bad Bunny rechaza la nostalgia. Empieza donde está la herida. Dice la verdad sobre el costo de la dulzura.

El jíbaro, el campesino tantas veces reducido a figura folclórica, es recuperado como símbolo de dignidad y resistencia. No son personajes pasivos congelados en el tiempo; son ancestros cuyo trabajo dio forma al presente. En un país que prefiere una historia desinfectada, eliminando marcadores históricos de parques nacionales y resistiéndose a museos que cuentan la verdad sobre nuestro pasado pecaminoso y el impacto persistente de la esclavitud y las leyes Jim Crow— esta escena inicial se convirtió en una audaz afirmación teológica: no se puede celebrar el fruto sin reconocer la raíz.

El idioma también se convirtió en símbolo de resistencia. El español —y no cualquier español, sino el español puertorriqueño, tantas veces objeto de burlas y blanco del elitismo académico de la Real Academia Española— no fue traducido, suavizado ni adaptado para la comodidad de la corriente dominante. Se sostuvo por sí mismo. Al hacerlo, la presentación desafió el mito de que el inglés es el precio de pertenecer, de que la cercanía a la blancura es lo que garantiza inclusión y valor. Afirmó que nuestras lenguas maternas cargan memoria, fe, duelo y alegría —y que ninguna de ellas necesita permiso para existir. Para las comunidades inmigrantes y las diásporas que han aprendido a encogerse para sobrevivir, esto fue un acto de afirmación colectiva, a todo pulmón.

El movimiento entre pasado y presente —entre los cañaverales y el escenario, entre la tradición y el reguetón— reflejó la realidad vivida por tantas personas en la experiencia latina más amplia. Siempre sostenemos múltiples mundos a la vez. Siempre traduciendo. Siempre navegando pérdida y creatividad de manera simultánea. Bad Bunny no resolvió esa tensión; la honró.

Y luego está la Iglesia —el subtexto silencioso pero inevitable. ¿Cuántas veces la Iglesia ha espiritualizado el sufrimiento ignorando sus causas? ¿Cuántas veces ha celebrado la resiliencia sin confrontar los sistemas que obligan a las personas a ser resilientes en primer lugar? ¿Con qué frecuencia centra su propia supervivencia —a través de la gentrificación religiosa y la colonización de comunidades enteras— en lugar de ser lo suficientemente profética como para poner estas conversaciones en el centro, aun a riesgo de hacerse más pequeña como denominación, mientras Jesús nos pregunta: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67). Esta presentación formuló preguntas incómodas sin predicar un solo sermón. Expuso cómo las comunidades de fe también pueden participar en el borramiento cuando se niegan a reconocer la historia, la cultura, la identidad y a las personas marginadas como tierra sagrada —no simplemente como una prioridad misionera, sino como la opción preferencial de Dios y el corazón mismo del Evangelio.

He dicho muchas veces que, aunque la representación es importante, la representación sin reconocimiento, sin intencionalidad y sin conversaciones valientes y veraces sobre las experiencias vividas de una comunidad es casi lo mismo que no tener representación alguna. Lo que hizo este momento tan poderoso no fue solo la representación, sino la negativa de Bad Bunny a limitarse a entretener —a hacernos bailar sin hacernos pensar—. En cambio, nos recordó que frente al odio, el amor siempre vence. Millones se vieron a sí mismos no como invitados en el país de otros, sino como portadores de historia, cultura e imagen divina. Bad Bunny hizo lo que la Corte Suprema de esta nación no pudo hacer: proclamó que todos somos imago Dei.

Bad Bunny no pidió pertenecer. Le recordó a la nación que ya pertenece. Y en este Mes de la Historia Negra, qué reconocimiento tan oportuno de que “yo también soy América”. No como nota al pie. No como traducción. Sino como verdad.

¡Seguimos aquí!

* La Revda. Lydia E. Muñoz es presbítera ordenada en la Iglesia Metodista Unida. Actualmente se desempeña como directora del Plan para el Ministerio Hispano-Latinos (PHLM). Para leer el artículo original abra el enlace aquí.

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