Trastorno por déficit de atención

Jim Winkler

13 de agosto, 2012 | Iglesia y Sociedad


"No podemos concentrarnos en algo por largo tiempo, muy pronto descartamos planes y compromisos".

Por unos 30 años, mi padre fue pastor de dos grandes congregaciones en la Conferencia Illinois Norte. Al llegar a cada uno de estas dos iglesias, los miembros rápidamente le compartieron que esperaban que él trajera de vuelta los buenos tiempos, "cuando los balcones estaban llenos y la membresía era el doble".

Llevé a cabo alguna investigación para mi papá en una de estas iglesias. Descubrí que su membresía nunca estuvo cerca a los números que los actuales miembros imaginaban. Además, los registros de asistencia habían sido falsificados por años. Cierto, hubo un tiempo en que la congregación fue más numerosa pero era imposible determinar claramente cuánto más.

A través de toda la Iglesia Metodista Unida en los Estados Unidos, suspiramos por "los viejos tiempos" cuando nuestra denominación crecía y estaba llena de jóvenes y jóvenes adultos. Según entiendo, el argumento es como sigue:

En aquellos tiempos, no hablábamos de asuntos sociales. Sólo nos concentrábamos en salvar almas para Cristo a través del mundo. No había discordia en la iglesia. Todos se amaban unos a otros. Todas las mujeres eran hermosas y todos los hombres, apuestos.

Se nos admiraba y respetaba universalmente. Nuestra teología era ortodoxa. No había tal cosa como la homosexualidad. Abundaba la armonía racial. No cuestionábamos a nuestros líderes políticos y eclesiásticos porque ellos hacían lo correcto.

Significativo estrés
Claro que nada de esto es cierto, excepto de que las mujeres eran hermosas y los hombres apuestos. Lo que ocurre es que la pérdida de membresía en la iglesia ha creado mucho estrés y el tremendo miedo a arriesgarse. Como denominación, buscamos la fórmula que producirá resultados instantáneos para un crecimiento en membresía.

Es como si sufriéramos de una forma organizacional de trastorno por déficit de atención. Como no podemos concentrarnos en algo por largo tiempo, muy pronto descartamos planes y compromisos. ¿Se acuerdan de las Cuatro Áreas de Interés? ¿La Iniciativa para la Iglesia Local Étnica? ¿Total Administración de Calidad? ¿La Iniciativa sobre los Niños y la Pobreza? Todos estos proyectos y otras modas, estrategias y planes ?unos más valiosos que otros? se descartaron.

Andamos en busca del Grial Santo. Abundan los gurús sobre el crecimiento de la iglesia. Consultores que denigran a nuestra denominación son tratados como sabios y se les da un tiempo significativo en nuestras conferencias anuales y convocaciones de predicación, etc.

Mucho del estrés que sufrimos es real. Pero la respuesta no será adecuada, mientras nos centremos en el tablero del crecimiento numérico.

Conócete a ti mismo
Vivimos en una sociedad sumergida en la violencia por armas de fuego pero no queremos reducir el número de armas que tiene la gente. El asesinato en masa está ocurriendo cada vez más. Asistimos a funerales y servicios de oración, pero nos estamos volviendo inmunes a la pérdida de vidas, en tanto sea en otro lugar.

La diferencia entre ricos y pobres sigue aumentando, pero vivimos en una sociedad donde muchos creen que, contra toda evidencia, algún día serán ricos. Con esa esperanza, no quieren actuar en contra la injusticia.

Todos sabemos el estrés que la pobreza causa en enfermedades crónicas como la diabetes, la presión alta y el cáncer. Con todo, sospechamos de cualquier intento de asegurar que todos tengan una atención médica adecuada.

Nos embarcamos en guerras imprudentes que sangran la tesorería nacional, producen ira y desprecio contra nosotros, y que intensifican nuestra paranoia y una patología peligrosa en la psiquis nacional. Por cierto, el odio es el combustible necesario para la guerra. La larga serie de guerras mantiene el odio en forma febril en nuestra sociedad.

El racismo continúa rampante. Por décadas, nos hemos ocupado en encarcelar en masa de mujeres y hombres negros y, sin embargo, nos engañamos a nosotros mismos creyendo que vivimos en una "América post-racial".

Nuestro destino como metodistas unidos está conectado a toda la nación. No podemos separarnos de esta realidad.

Nuestro desafío es empezar a conocernos a nosotros mismos y empezar a ejercer dominio propio. Nuestro modelo es Jesús, maestro del auto-conocimiento y la serenidad. Este es el ideal que debemos seguir ávidamente y compartir, porque es este ideal lo que transformará al mundo.


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